viernes, 23 de octubre de 2009

MEDICAMENTOS PARA EL CEREBRO, Parte I


















Llegando a la sinapsis, Parte I

Por Edgardo Carlos Engelmann

En la actualidad tenemos medicamentos que actúan principalmente en el cerebro, pero nunca, únicamente en el cerebro. Esto es, cuando tomamos un medicamento se mete en la sangre y viaja a todas partes en el cuerpo. Sale de los vasos sanguíneos y navega por todos los líquidos de los que está formado nuestro cuerpo. Es algo así como diluir una pastilla en unos setenta litros de agua. Por eso la principal razón para subir o bajar las dosis de los remedios es el tamaño y el peso corporal. La segunda es la capacidad que tiene el cuerpo para sacarse el remedio de encima. Esto es lo que hace el organismo con cualquier sustancia que le metamos adentro, desde la comida hasta los remedios. Si metemos más comida de la que metabolizamos o gastamos, nos estamos intoxicando de grasa y comenzaremos a sufrir del llamado síndrome metabólico, de obesidad y de diabetes. Si tomamos más remedios de lo que el organismo puede metabolizar nos intoxicaremos y tendremos síntomas indeseables. El ejemplo más fácil de entender es con las bebidas alcohólicas. Si tomamos más de lo que está nuestro cuerpo preparado para desintoxicar, nos emborrachamos y podemos llegar a entra en coma y morirnos. Cada organismo tiene su propia velocidad de desintoxicación dependiendo de su constitución o su acostumbramiento. El lugar en donde se hacen la mayoría de los procesos de desintoxicación o metabolización de los químicos que entran en nuestro organismo es el hígado. Luego esos trozos de sustancias residuales o metabolitos se eliminan por la orina fundamentalmente, por eso hay que fijarse cómo funcionan los riñones. De ahí que los que medican necesitan ser médicos y saber de estas cosas.
Hay otras que iremos viendo cuando hablemos de lo que se llama farmacocinética, es decir cómo se mueven los medicamentos adentro del cuerpo desde el lugar en donde penetran hasta que llegan a los diversos receptores en donde ejercen acciones en las células de los diversos órganos y tejidos y cómo terminan saliendo del organismo.
En el cerebro, al igual que en todo el resto del cuerpo hay distintos tipos de células que cumplen funciones diversas. Las más conocidas son las neuronas y hay muchos tipos de ellas. Fundamentalmente cumplen funciones de almacenar información en forma de proteínas y de transmitir información eléctricamente. Esto se hace mediante una reacción química en la membrana celular que produce electricidad que viaja por las prolongaciones largas, llamadas axones, de las neuronas y por las cortas, llamadas dendritas. Los manojos o haces de axones se conocen como nervios y se ven a simple vista. Esto quiere decir que hay células nerviosas que pueden tener prolongaciones de más de un metro de largo para llegar, por ejemplo, a la punta de los pies desde la médula espinal.
El otro tipo de células que hay en el cerebro es para que le den sostén a las neuronas y les provean de alimento y también de los medicamentos que les llegan. Son una especie de puente entre los vasos sanguíneos y las neuronas y se llaman células gliales.
Los remedios que damos para el cerebro tienen la característica de que pueden pasar hasta él superando una membrana especial que tienen los vasos sanguíneos cerebrales, que no deja pasar cualquier sustancia química y se llama barrera hemato-encefálica. Un buen ejemplo de remedios que no pasan esa barrera y por lo tanto no producen acciones que dependen del cerebro son los antialérgicos modernos como la loratadina o la terfenadina. Estos no producen sueño ni hambre al contrario de otros antialérgicos más clásicos como la clorfenhidramina que sí lo hacen y que fueron los antecesores de nuestros primeros medicamentos para controlar alucinaciones. El primero tiene mi misma edad, es decir nació en 1954 y fue difundido por un cirujano francés nacido en Vietnam llamado Henri Laborit, que también fue poeta y filósofo. Se llama clorpromazina y aún hoy se usa.
Al superar la barrera hemato-encefálica los remedios que actúan en el cerebro pueden hacer sólo una cosa. Lo mismo que cualquier molécula química en cualquier parte del universo; unirse a otra molécula química y producir una reacción química. Esa molécula a la que se une la molécula del remedio que viene nadando en el líquido de una célula de glial o en el líquido que rodea a todas las células del organismo, al igual que el espacio rodea a los cuerpos celestes, se la llama receptor. Y la mayoría de esos receptores están en las membranas celulares que son cómo la cáscara de las células. Cuando se producen esas uniones en esas membranas ocurren eventos químicos que hacen que se liberen o se dejen de liberar sustancias que estaban adentro de las neuronas o que se produzca electricidad que viaje por las prolongaciones axónicas o dendríticas. También pueden hacer que se capten sustancias que nadan en el exterior, hacia el interior de la neurona.
Las sustancias que se movilizan son llamadas neurotransmisores y los ejemplos más conocidos son; dopamina, serotonina y noradrenalina, aunque hay miles más como uno llamado GABA, que nos va a interesar más adelante. Estos neurotransmisores son los que se van a unir, a su vez a otros receptores de membrana y efectuar otras reacciones químicas que también producen el mismo tipo de acciones que las moléculas de los remedios. Es decir que los remedios se dan como una suerte de intermediarios entre el médico y los neurotransmisores que, aún hoy no podemos introducir directamente en el organismo.
Todo este proceso de neurotransmisión se llama así porque ocurre entre dos neuronas, más específicamente entre las prolongaciones de una neurona y otra neurona para que la corriente eléctrica que hace funcionar los circuitos cerebrales no se detenga. Y tiene que ser mediante reacciones químicas porque las prolongaciones axónicas o dendríticas no se contactan directamente, como lo harían dos cables eléctricos, si no que sólo se acercan dejando un espacio entre prolongación y neurona siguiente. Este espacio se llama sinapsis y es el gran protagonista en donde actúan los remedios que activan cicuitos de diversas zonas cerebrales para conseguir que dichas zonas trabajen a mayor o menor velocidad y por ende eficiencia.
En la próxima entrada nos zambulliremos en el espacio sináptico y veremos cómo actúan nuestros intermediarios, los medicamentos y los verdaderos responsables de las acciones que son los neurotransmisores y los receptores de los mismos.